Monday, May 18, 2009

FELICIDADES (a lo Guruput y Benedetti)


Porque los sentimientos están más allá del bien y del mal;
porque mi cariño va más allá del amor carnal…

A veces es como si quisiera apretarte, pero no puedo
- te quiero hasta la saciedad orgásmica
y más allá del pitillo.

Si verdaderamente la unión hace la fuerza,
entonces tan solo basta con que dos estén unidos,
para que el mundo se postre
y gire alrededor de tus pies.

¡FELICIDADES! y que surja en ti,
a partir de hoy,
“toda una hemorragia de satisfacción
y un derrame de alegría”
- que cuanto más grande son las dificultades,
mayor también suelen ser los éxitos.




“No te salves”; “Táctica y estrategia”; “Hagamos un trato” --Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009).

Wednesday, May 13, 2009

EL CASO DEL PADRE ALBERTO

Para hoy estaba planificada una “entrevista que ha paralizado a medio Miami” – a ese Miami latino y fervientemente católico - en una cadena local del Sur de la Florida. En el programa, que lleva por nombre “Aquí y Ahora”, el Padre Alberto Cutié - un cura sumamente mediático, de 40 años - rompía su silencio, después de haber sido fotografiado en Miami Beach con una señorita. Finalmente, el Padre Alberto admitía su "deslealtad", con respecto a uno de los votos más conflictivos, para un cura, dentro de la Iglesia Católica: el voto de castidad.



El cura confesaba todo lo que sentía. De su boca salían frases como: “siempre me he sentido como un hombre del siglo XXI atrapado en una institución del silo XVIII”; “yo traté pero no me funcionó”; “nunca voy a pedir perdón por haber amado a una mujer”; “no me arrepiento de haber amado a una mujer”; “¿porqué, Alberto, no lo dijiste antes?”; “lo primero es el sentido de obligación…”



Después de haber visto la entrevista, la cual duró una hora, me gustaría recalcar tres frases fundamentales, que consiguieron impactarme: “yo sabia que Dios me estaba mirando… me preocupa más lo que piensa Dios”; “cuando uno ama a alguien uno está dispuesto ha hacer cualquier cosa…”; y “uno no planifica el amor, el amor es espontáneo…”

Quizás este caso, una vez más, haya puesto a la Iglesia Católica entre la espada y la pared, o quizás no tanto... Como católico, siempre he pensado que la institución, en sí, está totalmente desfasada, para los tiempos que corren; aún así y todo, hay algo que me incomoda más que nada: ver como la compasión es ignorada o tiende a ser presa de los típicos radicalismos fundamentalistas - tan pueriles, como peligrosos, en manos de una “chusma” con derecho a la intimidación y el escarnio.

Es evidente que “la infidelidad” queda entredicha - a mí también me cuesta asimilarlo, como creyente. Obviamente, desde el punto de vista de la “confianza”, también entiendo que la batalla esté totalmente perdida. Aún así y todo, ¿quien se cree en su justo derecho de poder tirar la primera piedra? Tendríamos que preguntarnos a nosotros mismos si ¿vale la pena seguir hasta el final? ¿Quién ha dicho que tomar decisiones, en esta vida, sea como “coser y cantar”? ¿Acaso entre nosotros hay alguien que jamás haya errado?

Wednesday, May 6, 2009

TRANSMUTACIÓN III: “El aperitivo”


Eran las 21,00 horas de un viernes “tijuanense” pasado por agua: diluviaba a cántaros, sobre lo que parecía ser un verdadero sartén empedrado. De la ennegrecida calzada emanaba un hálito vibrante, gestado por la insufrible ardentía diurna. El tenaz tintineo, salpicaba la superficie transparente del ventanal que daba a la terraza, constriñendo mi atención hacia las innumerables gotitas de agua; las cuales, utilizaban la superficie acristalada como si de una parrilla de Fórmula 1 se tratase: compitiendo arbitrariamente, entre sí, por alcanzar su aciago destino; siempre propulsadas por el efecto, aparentemente inocuo, que la fuerza gravitatoria ejercía sobre sus cristalinos cuerpecillos - en caída libre.



Con la caída de la noche y el amainar del diluvio, asomaban los mosquitos y se empezaba a oír, de fondo, el preludio de lo que duraría toda una noche: la singular sinfonía del croar desmesurado de los sapos y los asincrónicos maullidos felinos de las fieras urbanas, fornicando desmesuradamente y sin recato – a pelo. A contraluz, en un abrir y cerrar de ojos, se manifestaba repentinamente una infame reverberación - a través del cristal de la ventana. Contra el fondo de la negritud nocturna callejera, se iba revelando paulatinamente, con paso sigiloso y cansino, la difusa silueta de algo que, a primera vista, podría antojarse “humanoide” – sin llegar a serlo del todo.

A bote pronto, daba la impresión de ser el lógico reflejo de un rostro distorsionado - mimetizado. El vidrio, sobre el que se plasmaba la figura, actuaba a modo de espejo con derecho a espejismo; y, su difuminada opacidad pretendía eludir, sin suerte alguna, mi eminente crisis catatónica. A medida que mis ojos se abrían como platos, la ansiedad cargada del horror más siniestro negaba toda satisfacción de poder identificar mi rostro a través del indolente cristal - salpicado de una incredulidad desafiante. En verdad, concebir el monstruoso engendro era toda una prueba de fuego - inesperada e inimaginable. El terror se ceñía sobre mi soledad. La representación de un ser aterrador se manifestaba, cada vez con mayor nitidez - desafiando mis pupilas. A medida que ambos nos contemplábamos, gesticulando con movimientos perfectamente sincronizados, sus insensibles rasgos faciales proyectaban una violencia residual sin límites. Ante ésta deformidad sin precedente, abominable e inhumana, caí desplomado - de bruces - al suelo, jadeante, con las manos en la cara y cubierto de un deleznable sudor gélido, el cual no cesaba de recorrer todo mi cuerpo.



A continuación, intentando sobreponerme, presa del súbito impacto, emprendí una angustiosa carrera de obstáculos - tropezando contra todo lo que encontraba de camino al cuarto de baño. No podía dejar de pensar que este hecho, todo él de un surrealismo subido de tono, debía tener algún tipo de explicación objetiva; al igual que, necesitaba imperiosamente extinguir el recuerdo de su penetrante mirada: tan sádica, como familiar.

Acababa de pasar por un verdadero tornado de pasiones húmedas, y precisamente ahora resurgía, como de la nada, todo un absurdo periplo entre la duda y el escepticismo - evidenciados en esos tórridos minutos de martirio. “Esto tiene que ser una broma absurda o una visión ficticia…“- no dejaba de repetirme, mascando el estupor y la angustia, en voz alta.

Una vez frente al espejo del servicio, mis párpados se bloquearon adormecidos de éxtasis semi-orgásmico, al captar el instante en que la atrocidad amorfa, de la que había sido presa y testigo, realmente no era más que una simple enajenación mental transitoria, producto del estrés, del agotamiento laboral, y de la rebosante aglomeración de testosterona –algo que evidentemente podía entorpecer una eficiente comunicación interneuronal. Lo tenía bien claro: me urgía follar; necesitaba “desfogarme.” Descargar toda esa adrenalina, acumulada durante los pasados meses de zozobra trapera corporativa, era lo que realmente necesitaba. Todo esfuerzo deja un daño colateral y ahora era el momento de “la descompresión genital”.



Así que, ni corto ni perezoso, me dispuse a introducir las llaves, de la habitación, con cierto temblor de manos, dentro del bolsillo derecho de mi pantalón negro - aún carcomido por la inseguridad malsana de un presentimiento inhóspito que marcaba mis pasos a redoble de tambor. Recordé, antes de dirigirme a la puerta, todos aquellos restos del pobre e indefenso pollo decapitado y a su acompañante inseparable - la vasija ensangrentada. Supuse que aún se encontrarían debajo de la cama; así que, una vez agachado, descubrí que “los despojos ignominiosos” habían desaparecido como por obra de “birlibirloque.” No quedaba rastro alguno de sangre, ni del cuerpo del pollastre, ni de su “chola”, ni del recipiente. Todo había desaparecido, todo... excepto las cuerdas coloradas, las cuales permanecían inalteradas en el interior del cesto de basura, y la vela negra, la cual no dudé en arrojar a la basura - junto a las amarras. En ese preciso instante, me vino a la mente “la cartita”, escrita con tinta granate: tampoco la había vuelto a ver y no tenia ni idea de donde podría encontrarse. No quería seguir “rayándome” con este asunto; así que, me dispuse a cerrar - con llave - desde afuera, la puerta de la habitación del “fétido parador”.

Era evidente que algo había sucedido; porque, sino “¿cómo algo que parecía tan real, habiendo sucedido hace tan solo unas pocas horas, podía ser un simple espejismo de la mente?“ No lograba evitar dejar de darle vueltas a este galimatías, de proporciones estratosféricas, una y otra vez, una y otra vez...

Una vez en la calle, el vapor de agua levitaba del pavimento, penetrante, envolviendo cada poro de la piel, como si de un papel celofán se tratase - sin tregua alguna. El calor del día cocinaba cada minúscula gota ambiental, y las vomitaba en forma de vaho pegajoso, inundando hasta los bronquios: la respiración se hacía ardua y cansina con cada bocanada de aire inhalada.

Al otro lado de la calle: un letrero de neón, bermejo fluorescente, anunciaba parpadeante el contorno de “La Tasca Pancho”, enmascarando su pared amarillo chillón, y parte de los adoquines ahumados que cubrían la callejuela. El ruido de los gatos “enrollándose” entre sí era prácticamente insoportable, a cada paso consumado con dirección al portón de la entrada. Una vez adentro, la neblina húmeda se disfrazó de nicotina y alquitrán. Los puros y pitillos devoraban el oxígeno sin miramientos, bautizando el ambiente con un inmenso cúmulo decadente y sombrío de anhídrido carbónico. “El antro de perdición” era apto para cualquier fechoría y tenía plena licencia, compulsada por las autoridades del lugar: cualquier tipo de consumición o excitación compulsiva eran bienvenidas.



Acabándose un puro, la señora encargada de la limpieza del “hotelucho de mala muerte” le comentaba a un chico semidesnudo y parcialmente tatuado – a voces, pretendiendo eludir efusivamente el ruido que atiborraba toda la sala:
- Si te digo que una vez fui a comprarla…
- Ah, ¿si? ¿Y eso? (el chico, respondía, siguiendo, con la cabeza, los acordes de la música, al mismo tiempo que engullía una cápsula añil).
- Pues… a ver… si tu ves a tu hijo lleno de babas, arrastrándose por el suelo adolorido y sin poder levantarse, ¿que haces?
- ¡Claro!
- Ya sabíamos que iba a morir: los médicos le habían dado por desahuciado…
- Pobre bato loco… (el chico, propinando un certero escupitajo en toda la chepa de una gigantesca cucaracha albina; la cual, deambulaba casualmente por los alrededores, acompañada de su prole, en busca de un suculento aperitivo que llevarse a la boca).


Wednesday, April 29, 2009

SIN ALIENTO


Sin aliento y torturado
por tu oscuridad
agazapada entre espinos y dagas,
inexpugnablemente dominante y altiva
calculadora y desafiante:
tu frío me derrite entre las sombras;
¿por que martirizas sin piedad?
¿por que cada pensamiento que albergas
humilla con zarpazos demoledores?

Sin aliento y torturado,
aquí yace mi carcasa,
rota por tú vil, y despiadada naturaleza,
por tus secretos, por tus despóticas ideas,
por tu maquiavélico embrujo,
por tu hipocresía teatral,
adornada con pinceladas de un trivialismo atroz
y recubierto por negras sábanas de lino.

Sin aliento y torturado,
siegas toda confianza en ti depositada,
para luego desvelar las cenizas de tu sequedad
más absoluta;
y cabalgas día a día devorando al nido con su paloma
mientras te relames en tu tortuoso mundo,
que encierras en cajas sin cerrojo.

Sin aliento y torturado
por tu miseria, la cual arrastras a cada paso;
que, como surcos profundos en el desierto,
se nutren de cada lágrima derramada
sin dejar nada…
Y la Nada me abruma, y la Nada impera
en nuestro micro-mundo hueco y vacío.

Sin aliento y torturado;
hoy tu compañía, vista desde el horizonte infinito,
emerge como un espejismo brutal,
un pasaje medio borroso en un libro casi olvidado,
banal y sin sentido,
un tanto desabrido y monótono.

Sin aliento y torturado:
es ahora cuando todo tu engranaje sale a flote,
cuando te percibo como lo que eres
¡sin tapujos, ni mentiras!
y puedo leer tu desorganizado pensamiento:
¡en verdad, resulta ser grotesco y monstruoso!
Tu que has fumado el opio del poder,
¡te has embriagado!
Tu que has creado caos desde tu gélido rincón,
jugando con lo prohibido,
¡nunca te has quemado!
A ti, se te ha permitido tejer telas
para capturar y devorar, como el grajo,
los frutos ofrecidos en la palma de mi mano.

Pero...
quizás un día,
desde la distancia,
desde el anonimato,
alguien nos observe en lo que será nuestro pasado,
y revele las carencias de este presente que aún vivimos,
un universo agónico y brutal,
híbrido y sin contenido,
engalanado con las más esperpénticas pesadillas,
¡despeñado al abismo,
carente de un pasado fructífero al que agarrarse!
Y se rasgará el velo del olvido,
para revelar que todo lo que tocas se torna
en un mar de dudas,
sin aliento y torturado.

-- Riki; Miami, 2008-2009.


Thursday, April 23, 2009

TRANSMUTACIÓN II


El reloj, encima de la mesilla de noche, dentro de la habitación del motel, marcaba las cero horas; era la primera semana de julio, y el bochorno nocturno, húmedo, fétido y sofocante, penetraba apabullante, con suma autoridad, a través de la persiana de bambú que cubría la trampilla, entreabierta; la cual, enlazaba el cuarto de baño con el callejón posterior de la hostería.

A la primera bocanada de aire - una vez recuperado de la abrupta y repentina pérdida de conciencia - le siguió un sabor repulsivo a sangre, que inundaba indiscriminadamente el interior de las encías y parte de la comisura de mis labios - secos y cuarteados, por la excitación de la que era presa. Poco a poco, A medida que transcurrían los segundos, percibía el efecto de la circulación sanguínea desentumeciendo todas y cada una de mis extremidades, hasta lograr anclarse en las puntas de las falanges, con una virulencia voraz. A continuación, los párpados comenzaron a revolotear, en un intento obstinado e impaciente de comprobar la funcionalidad de todos los órganos vitales en mi sistema locomotriz. Al instante, el sonido resurgió atolondradamente, y todo comenzó a dar vueltas: los tímpanos parecían estallar, siguiendo los sistemáticos acordes locomotores del “I’m waiting for my man”, de Lou Reed.




El bullicio estruendoso, que se colaba por la rendija de las ventanas de mi percepción cognitiva, ya no era solamente una consecuencia del ruido estereofónico, irradiado desde “La Tasca Pancho” – en donde además de licor se rendía culto al sexo a granel, sino el compendio de toda una serie de pensamientos que me perturbaban, hasta producir un atolondramiento general: el cual se intuía transitorio.

Seguidamente, conseguí levantarme erguido, con alguna que otra dificultad, de un suelo con adoquines falsos, color granate: en donde, minutos antes, yacía, boca abajo, y sin sentido. Pude comprobar, en ese preciso momento, como la cabeza me daba tumbos anárquicamente: divisé - a simple vista - a un costado de la cama, una botella transparente, recostada - medía vacía - de tequila “Gran Patrón Platinum.” Pensé que “no habría sido yo el que la hubiese podido comprar y menos consumir - al no haber parado en ningún establecimiento, durante el trayecto del aeropuerto a la dichosa bañera… aunque…” la intoxicación etílica se evidenciaba en mis propias carnes; ya que, mi “batiburrillo” mental indicaba que había habido un antes y un después.

De hecho, había perdido completamente la noción de lo que había sucedido hace tan solo unas cuantas horas; la amnesia inducida, que padecía, era la verdadera causante de los múltiples temblores que sobrellevaba: había perdido el "control"; sin lugar a dudas, mi invulnerabilidad había sido comprometida, violentada y ultrajada; pero “¿por quien y porqué?” Era esto último lo que se adueñaba de todo mi raciocinio, constantemente: nada parecía tener sentido.



Por un segundo, me sentí como si estuviese en las entrañas de una ballena, en medio del “Océano Soledad”; y, al girar la cabeza de lado a lado, caí desplomado al suelo: derrotado, presa del pensamiento residual que aún anidaba en mi subconsciente - “había sido roto en mil pedazos” como un muñeco de trapo y cerámica.

En medio de todo este desasosiego, me vino a la mente la “lameluza” de la Manuela (“la señorita Sonrisitas Colgate”); digamos que sus estupideces “pijoteras”, triunfalistas, “anatómicamente horteras, y ortopédicas,” seguían resonando en mí, como el ruido de un mortero a quemarropa; no obstante, los acordes del “Evil Woman”, de la “Electric Light Orchestra”, machacaban la séptima vértebra de mi maltrecha columna con una de esas frases futuristas que me terminarían por dar, inexorablemente, la razón: “el tonto y su dinero pronto toman caminos separados.”



Intentaba salir de mi perplejidad, y sin embargo, permanecía en un estacionario estado de shock - con las piernas temblorosas y el corazón a ciento noventa pulsaciones por minuto; pretendía avanzar, sigilosamente, arrastrando las piernas por toda la habitación, hasta llegar al armario empotrado; y, al llegar al armario, mi estupefacción alcanzó límites insospechados, cuando descubrí que todo mi equipaje había sido vaciado por completo: todas y cada una de las americanas, corbatas, de los pantalones y de las camisas habían sido cuidadosamente colgadas, individualmente, en perchas; mientras que los cajones del armario portaban toda y cada una de las prendas de ropa interior que había empaquetado cuidadosamente, una noche antes de subir al avión. Los zapatos estaban alineados y al abrir la billetera, comprobé que todo seguía en su sitio, incluido el dinero, y las tarjetas de crédito.

Mi cerebro no conectaba con otra cosa que no fuera buscar la carta; la cual, tuve en mis manos, antes de haber sido presa de un destino surrealista. Por este motivo, en pleno ataque de improvisación inconsciente, me abalancé, sin pensarlo, sobre la bañera, en busca del papel en cuestión; removí cielo y tierra, rastreando sin rumbo fijo por todo el cuarto de baño y por cada uno de los entresijos de la habitación, sin otra alternativa que llegar a la conclusión de que alguien había entrado en mi habitación - sin mi consentimiento - con el único propósito de manosear toda mi intimidad. Un sentimiento, que nunca había experimentado antes: la impotencia se apoderó totalmente, por unos instantes, de toda mi esencia.

En mi sufrida búsqueda, pude comprobar como el cepillo y la pasta de dientes habían sido minuciosamente colocados dentro del armario del cuarto de baño; y es, precisamente en ese momento, cuando el pavor me inundó, por completo, al manifestarse, a través del espejo, marcas múltiples, a lo largo de toda la longitud de mi pene, hasta llegar al prepucio, como si mi miembro viril hubiese sido objeto de una especie de juego perverso de carácter sadomasoquista, mordaz y aleatorio. No tardé en comprobar las mismas marcas en las muñecas y en los tobillos: pequeños surcos producidos por amarras de índole desconocido: cuerdas rojas que pude encontrar, cortadas a pedacitos, en el fondo del cesto de la basura - junto a unas tijeras, y al cuerpo de un plumífero animal descabezado.

Siguiendo el rastro ensangrentado, creado por el cuerpo guillotinado y sin vida del indefenso pollastre, descubrí, ante a mi convulso estupor, debajo de la base de la cama, una vela negra, recién apagada, una vasija con sangre, la cabeza recién seccionada de un pollo, y un papel doblado, en cuatro partes, escrito con sangre, que ponía: “suppixelp suanad.”


Me parecía ser presa de una pesadilla delirante, y tan solo pensaba en escapar de dicha angustia irracional, que me asfixiaba existencialmente, sin tregua alguna. “Un masaje pornutónico tailandés sería lo ideal, en estos momentos” era lo que realmente revoloteaba, inconscientemente y a ratos, dentro de mi cabeza, con el único objetivo de obviar el presente - en busca de una sanidad mental; la cual, se antojaba, a ratos, utópica.

Mi primera intención fue la de denunciar el suceso ante las autoridades; aunque, al final, me vine atrás cuando recordé los innumerables casos de turistas europeos que habían sido injustamente acusados de crímenes no cometidos y encarcelados indefinidamente, por falta de pruebas - en Ciudad de México, por poner un ejemplo: “es evidente que la justicia mexicana y la corrupción suelen ser primas hermanas; aunque esto sea un mal endémico que reina en toda Latinoamérica.” Por otra parte, necesitaba, en esos instantes, pasar página y abandonar, de una puñetera vez, ese antro - nido de moscas, infección y fetidez - hasta que decidiese qué rumbo tomar: no tenía nada claro lo de seguir en la empresa, y menos en ese “cuchitril inmundo” durante las tres próximas semanas; Así que, ni corto ni perezoso, me duché, lo más rápido que pude, titiritando, con dos compañeros inseparables: “intranquilidad” y “desasosiego” - no sin antes apuntalar la entrada de la habitación con la única silla que había en “el puto cuartucho de mala muerte”.

Entre tanto me abotonaba la camisa negra a rayas, una voz de hombre embriagado daba la bienvenida a Tijuana a todo aquel que, como yo, se sintiese en un territorio de nadie, vociferando, sin parar: “si no me traes la troca, como te dijo Pancho, te voy a dar un chingazo en la madre, pendejo pinche güey… ¡es tu chingá vieja o la troca! ¡tu decides cabrón!” Así que de repente me asaltó un pensamiento, al terminar de calzarme los zapatos negros, de charol: “era el pasajero ideal, viajando hacia un destino totalmente aterrador e incierto – un reo indefenso y enjaulado en una selva atroz y despiadada.” De ahora en adelante tendría que andar con pies de plomo, si no quería terminar con el plomo en el cuerpo y los pies por delante.


Friday, April 17, 2009

TRASMUTACIÓN I


Verano del 2007. Acabo de arribar al aeropuerto internacional de Tijuana; el calor es insoportable, el aire insufrible y las moscas hacen de pegajosas concubinas. A las afueras de la terminal, toda una fila de taxistas engominados y pintados de sudor, no cesan de hacerme gestos, con sus pañuelos mugrientos; quieren desvalijarme dentro de un Volkswagen Beetle, “made in Chingapur.” De camino al motelito “Acábame Papi Rico,” costeado en su totalidad por la empresa informática “miamense,” para la cual trabajaba, no dejo de pensar que nada mas llegar, necesitaría “desfogarme etílicamente” con un par de putas de callejón – todo esto antes de comenzar, la insufrible jornada laboral intensa de veinticuatro horas, a la semana, durante quince días estresantes y a tope: ¡la empresa paga!

Menudo “conejillo de indias” en busca de un lugar en donde descansar los pensamientos: acababa de salir de una relación intensamente agobiante, con la perfecta secretaria - “la señorita Sonrisitas Colgate”; ¡si!, de las nuevas chicas modelito “trepa” que utilizan a los hombres con experiencia en la empresa, al igual que uno solía usar, de peque, la cabeza de un perrillo de peluche, apodado “el popis”, para jugar al futbito - arrastrándola y pateándola por medio parquet de la salita de estar.

Quemado y exhausto, no podía dejar de cavilar sobre el verdadero sentido del amor - aunque no sirviese de nada, en esos momentos, pensando que “el verdadero amor es aquel que encuentra su reciprocidad en la importancia que se le de a la persona estacionada en la otra orilla - todo lo demás es pura falacia argumentativa.” Es lo que tiene la frialdad del sudor en soledad: te penetra hasta el tuétano de las ideas y te sugiere usar, de ese momento en adelante, una lupa para analizar indiscriminadamente a “los demás”, como si fuesen minúsculas hormigas en una “metrópolis” de Fritz Lang. Gran mecanismo de defensa esto de emplear la infalibilidad subjetiva, en situaciones de descomunal impotencia argumentativa.

No dejaba de pensar que todo mi presente me importaba una mierda y que, de ese momento en adelante, procuraría cerrar “el chiringuito”, por falta de premisas en mi contra. A todo esto, continuaban aturdiéndome mis monstruos del pasado y me urgía escapar, esa precisa noche, con la concupiscencia, con el gozo y con una botella de “José Cuervo” entre pecho y espalda; así que, puse manos a la obra: antes de todo, pretendía ducharme con shampoo, meneándomela efusivamente sin parar, para evitar el engorro de tener que remunerar, demasiado pronto, al dúo dinámico “Tres Segundos Lésbicos con Pili y Mili.”

En el cuarto de baño, al lado del lavamanos, entre dos jaboncillos, curiosamente envueltos con papel “color-perla-caribeña”, avisté un sobre color barquillo que portaba una pequeña nota, escrita con bolígrafo rojo, sobre fondo azul pastel. Quizás alguien se la había dejado atrás, sin haberla leído. Pensé, en la brevedad del momento, que a lo mejor no era de mi incumbencia transgredir los pensamientos ajenos; pero, mis dedos no dejaban de devorarla, y mis ojos no podían evitar violar la intimidad de su silencio, el cual se me revelaba así:

“¿Porqué lo hiciste?
Yo sólo me dejé llevar por mis instintos más básicos. No pude irme de allí, tras observarte en tu cama, durmiendo desnudo, con tu cuerpo provocador llamando, gritándoles a mis lujuriosos labios….
Cuando empecé a degustar el delicioso sabor de tu sexo tú te despertaste y empecé a sentir crecer tu excitación en mi boca. No te quejaste entonces. Sólo gemías de placer. No era rechazo lo que sentía mientras sujetabas mi cabeza y movías tus caderas. Me excitaba excitarte. Me corrí cuando te corriste. Sacié mi sed y mi hambre de tu polla.
¿Porqué me denunciaste entonces? ¿Crees que seré capaz de rehabilitarme de mis deseos de comerme cada centímetro de tu cuerpo? Estoy enferma de ti y pienso reincidir cada vez que me dejes. En cuanto salga de esta cárcel volveré a buscarte y estoy segura de que tú también.”

Al instante, mi transpiración cesó, quedé desplomado y al desnudo: alicaído, suspendido dentro de una bañera sin fondo – vacía - de paredes blancas; recuerdo, haber dejado deslizar la nota al suelo, como si su tinta destilase un éter que me maniataba, aprisionando mi realidad contra la indeseable introspección cognitiva de lo desconocido en mí; anonadado y sin escapatoria, todo mi ser se estremecía violentamente, mientras un chillido se adueñaba de mis entrañas. El chillido se multiplicaba, en cientos y miles de aullidos, para crear una sola voz, que a su vez se distorsionaba en varios chirridos, evaporándose en un único grito que rezaba así: “creo que, a partir de ahora, me dedicaré a la taxidermia – tengo experiencia en eso de experimentar con agujas y ciertas mariposas tropicales.”

Saturday, April 11, 2009

EL CASO DE LA MISIONERA DOROTHY SLANG



La Hermana Becky Spires, una de las amigas más cercanas de la misionera, durante el esperpéntico juicio, hace el siguiente comentario: “brazilians say that ’God’s justice may take a while coming, but never fails’; while human justice fails.” (“los brasileños suelen decir que ‘la justicia divina puede tardar en llegar, pero no falla’; mientras que la justicia del hombre falla.”) Los que conocieron a la hermana Dorothy Stang, dicen que su acentuado carácter activista siempre en favor de los pobres y desarraigados, al igual que, el evitar la deforestación ilegal de la selva amazónica - por parte de las madereras y de los todopoderosos hacendados – fueron los dos detonadores que realmente la llevaron a la muerte.

La religiosa norteamericana, de 73 años, fue asesinada el 12 de Febrero del 2005 en un sendero de tierra rojiza, que la lluvia convirtió en barro, a 40 kilómetros del municipio amazónico de Anapu (Pará). Su verdugo: Rayfran Sales das Neves - un pistolero a sueldo, al que acompañaban otros dos (Clodoaldo Batista y Amair Feijoli “Tato”). Previamente, el hacendado Vitalmiro Bastos de Moura (Alias el Bida) había ofrecido a Rayfran unos $50 para que la abatiera, descargando todo el poder de su pistola a quemarropa. El suceso ocurrió a plena luz del día, cuando la misionera rezaba. El asesino, habiéndola disparado seis balazos, mientras ésta yacía sobre un costado, desangrándose y moribunda, la remató salvajemente – asestándola un tiro a la cabeza. La misionera portaba una Biblia en su mano cuando, al cabo de treinta y cinco años de obra misionera, le fue arrebatada impunemente la vida. Regivaldo Galvão es otro hacendado que tomó parte en dicho crimen. Regivaldo, hoy en día, se dedica a sus “negocios” y vive tranquilamente en libertad, pendiente de un proceso que nunca llega. A éste último se le imputan diversos crímenes, acontecidos cerca de la carretera Transamazónica - construida en los ’70 por el gobierno militar brasileño.



“La hermana Sol”, como algunos la llamaban, era miembro de la congregación de las Hermanas de Notre Dame de Namur y vistió los hábitos, por primera vez, en el convento de Cincinnati, en 1956; desde su llegada a Brasil, en 1966, se dedicó a establecer y a liderar la implantación de proyectos agrícolas para la sustentación del pueblo en la región de Anapu (“ruido fuerte” en guaraní). Los Proyectos de Desarrollo Sustentable (PDS), en dicha región amazónica, promovían la alimentación y el sustento de las familias, sin abusar de la naturaleza y del medio ambiente. Este medio de subsistencia, va claramente en contra de los intereses creados, por parte de los grandes hacendados y madereros de esta zona del mundo. Con lo cual, no es raro que haya sido, previamente a su asesinato, objeto de todo tipo de amenazas de muerte, por parte del poder establecido.

Por otra parte, no es raro que la policía municipal, con sus guiños constantes a la extorsión, a la hipocresía y al cinismo de los “grilleros”, también tenga una gran parte de culpa en todo esto. Del mismo modo, el abogado defensor, Américo Leal, escudado detrás del poder generado por los intereses creados, en un alarde de desfachatez, hace la siguiente declaración, en tono jocoso: “¿Justicia? Esta cosa de la justicia es muy complicada. Si miras a través de la ventana ves el infinito. No sabes donde comienza y donde finaliza, los árboles y las estrellas. No puedes entenderlo como no puedes entender a la justicia. Es un enorme misterio.” Toda una declaración escalofriantemente maquiavélica de un abogado bananero en pro de la injusticia y el triunfo de la inmoralidad, del atropello y del abuso.



Producto del juicio, Rayfran Sales das Neves, hoy en día sirve una condena de 30 años de cárcel, al haberse declarado finalmente culpable del crimen, después de que el juicio experimentase una serie de boicots por parte de esa “mano negra” que maneja las riendas del poder en toda Latinoamérica: “los hacendados.”

En Mayo del 2008, Vitalmiro Bastos de Moura fue absuelto por el Tribunal de Jurados, al haber presentado un video casero que presuntamente le terminaría eximiendo de todo cargo.

Amnistía Internacional ha afirmado, en un comunicado oficial del 8 de Abril del 2009, que la decisión de El Tribunal de Justicia del Estado de Pará, al reabrir el caso de la misionera el 7 de Abril de este año, para encarcelar a Regivaldo Galvão y a Vitalmiro Bastos de Moura "ofrece la oportunidad para que sea cumplida la justicia en un estado donde defensores de los derechos humanos y activistas sociales viven amenazados." Actualmente, “el Bida” está en un proceso de busca y captura, por las autoridades del lugar.



Los habitantes de la región cuentan que los todopoderosos “estancieros” de la región, la noche del crimen, lanzaron bengalas y convidaron “a todo hijo de buen vecino”, a cerveza en bares y tabernas, para celebrar la muerte de la misionera. Era evidente que la tuviesen por su principal enemiga, al ser considerada como el “Alma Mater” del Proyecto de Desarrollo Sustentable “Esperanza.” De la investigación ordenada por el presidente Lula da Silva, se desprende, de las evidencias fehacientes, que el objetivo principal de dichos hacendados y madereros, acostumbrados a expropiarse de grandes hectáreas fiscales esgrimiendo fraudulentos títulos de propiedad, era la obtención de las tierras asignadas al proyecto de la Hermana Dorothy, aunque fuera a punta de pistola – como precisamente así hicieron.

Actualmente, aunque el gobierno haya intervenido muchas de estas tierras amazónicas, en favor del proyecto PDS, la implementación sigue siendo dudosa y cuestionable. Se calcula que el nivel actual de deforestación, en El Amazonas, asciende a 20 millas cuadradas al día.


La hermana Dorothy dio su vida en el PDS llamado “Esperanza.” El simbolismo se hace patente, dado que la hermana derramó su sangre en un territorio en el que “la esperanza” es el único sostén de sus habitantes; esperanza de que algún día estas tierras puedan librarse del yugo de los terratenientes sin escrúpulos que la tiranizan y violentan, día a día. El pueblo, canta frente a su tumba lo siguiente:

“Fue por defender la vida
del pueblo masacrado
que la hermana Dorothy
perdió su vida
y derramó su sangre,
en la jungla del amazonas.
Cuantas lágrimas, cuanto dolor,
tanta sangre derramada
por las manos del opresor.”

El “pecado” de la religiosa, ante los estancieros de la región, fue el haberse movido con toda libertad entre los campesinos y los movimientos sociales. Eso fue algo que nunca le fue perdonado y por lo que finalmente tuvo que pagar con su vida. “El asesinato de Dorothy fue instigado por aquellos que se oponían a su trabajo en defensa de los sin tierra y por la preservación de la floresta”, nos relata la Hermana Mary. El hacendado Francisco Alberto de Castro, presidente del Sindicato de Ganaderos de Pará, o José Roberval de Souza, líder del Sindicato de Madereros, por poner un ejemplo, aseguran que "están convirtiendo en mártir a una monja que invadía tierras, una mujer que creaba desorden. Ella era el mayor problema que tenía la región. Decir que era una santa es una falsedad".